Ciencia ADOLFO SUÁREZ ILLANA En defensa de los neandertales, los otros humanos En contra lo que dice Adolfo Suárez Illana, “no existe ninguna evidencia de infanticidio en esta especie humana”, explica el experto Antonio Rosas Conéctate Guillermo Altares Twitter Madrid 29 MAR 2019 – 16:35 CET Reconstrucción de una familia neandertal en la cueva de Krapina, en Croacia. Nikola Solic REUTERS | Audio: Onda Cero Desde que se descubrieron sus primeros restos óseos, en el siglo XIX, los neandertales siempre han resultado una presencia incómoda. La idea de que existieron otros humanos, miembros de la misma especie, pero claramente diferentes, era difícil de asimilar por lo que resultó mucho más fácil describirles como brutos y salvajes frente a los civilizados Homo sapiens, nuestra especie. Sin embargo, en las últimas décadas, esa imagen ha cambiado totalmente y se les considera tan avanzados, intelectual y tecnológicamente, como nosotros. Neandertales, la extinción de los otros humanos En defensa de los neandertales, los otros humanos La revancha de los neandertales En defensa de los neandertales, los otros humanos Si los neandertales desaparecieron, ¿qué hacemos nosotros aquí? Ese cambio de percepción, basado en un aluvión de evidencias científicas, todavía no ha calado totalmente como queda claro después de las insultantes —contra las mujeres y contra los neandertales— declaraciones de Adolfo Suárez Illana, número dos de la lista del PP por Madrid. “Los neandertales también lo usaban [en referencia al aborto], pero esperaban a que naciera y le cortaban la cabeza”, ha declarado en una entrevista con Carlos Alsina en el programa Más de Uno, en Onda Cero. La imagen de esos otros humanos como asesinos despiadados, que se comportaban como animales —el infanticidio es habitual en bastantes especies, donde las madres tienen que proteger a los cachorros de los machos—, es muy difícil de arrancar del imaginario colectivo al igual que siempre es complicado derrotar la ignorancia. Porque la ciencia dice algo totalmente diferente. El antropólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Antonio Rosas, uno de los mayores expertos mundiales en neandertales, no tiene ni idea de dónde ha sacado el político conservador esa peregrina idea porque sus afirmaciones no tienen ninguna base en el registro arqueológico. “No hay ninguna evidencia de infanticidio. Ninguna. Lo que sabemos es más bien todo lo contrario, porque sí que hay evidencias de que los niños recibían un tratamiento mortuorio especial”, explica Rosas, autor de libros como Los fósiles de nuestra evolución (Ariel) y Los neandertales (Catarata / CSIC) y que excavó en la cueva asturiana de El Sidrón, uno de los grandes yacimientos de esta especie humana. PUBLICIDAD Ads by Teads “A los niños se les trataba con consideración, con ofrendas mortuorias”, prosigue este investigador. “Si se hubiesen producido decapitaciones, tendría que haber evidencias arqueológicas y no existen. No tenemos ninguna duda de que era una sociedad que cuidaba de los débiles, por ejemplo de los ancianos, aunque eso es algo que comparten todas las sociedades humanas. Hace 1,9 millones de años, en Georgia, ya tenemos evidencias de cuidado de los ancianos. Todas las sociedades humanas heredan esta organización social. En el caso de los neandertales hay diferentes lugares donde se observa sin ninguna duda”. Los neandertales fueron una especie humana europea, de hecho la única especie humana totalmente europea. Su nombre viene del valle de Neander, en Alemania, donde se descubrieron algunos de los primeros restos. Vivieron desde el Mediterráneo hasta Siberia, y también llegaron a Oriente Próximo. Evolucionaron desde una especie anterior de homínidos hace unos 250.000-300.000 años y desaparecieron hace unos 40.000 años (algunos científicos creen que estuvieron presentes en Gibraltar hasta hace 28.000), coincidiendo con la llegada a Europa desde África de los sapiens. Eso quiere decir que habitaron en Europa durante 200.000 años –un periodo temporal inmenso, si tenemos en cuenta por ejemplo que las cuevas de Altamira se pintaron hace 15.000 años– y que fueron capaces de adaptarse a todo tipo de cambios climáticos, incluyendo durísimas edades de hielo. “Lo que sabemos es más bien todo lo contrario, porque sí que hay evidencias de que los niños recibían un tratamiento mortuorio especial” El principal misterio que les rodea sigue siendo por qué desaparecieron. La hipótesis que comparten más investigadores es que se trató de un colapso provocado por la debilidad de la población y por la lucha por los recursos con los nuevos humanos que llegaron de África. No existen tampoco evidencias arqueológicas de que se produjesen enfrentamientos violentos entre los sapiens y los neandertales. Eso no quiere decir que no ocurriesen, solo que no se han encontrado huellas. En los últimos años se han realizado una serie de descubrimientos que han transformado nuestra imagen de esta especie humana, morfológicamente diferente –eran mucho más corpulentos y el cráneo era distinto, sobre todo por la frente–, aunque podríamos encontrarnos con uno en el metro sin que nos extrañase demasiado. Ahora sabemos que tenían la capacidad de lenguaje (por el gen FoxP2), que manejaban el pensamiento simbólico porque pintaban las paredes de las cuevas, que tecnológicamente estaban muy avanzados, que cazaban en grupo, que se decoraban con plumas y pinturas el cuerpo, que realizaban enterramientos… En otras palabras, que eran como nosotros, diferentes pero tan humanos como nosotros. De hecho, muchos científicos consideran que han sobrevivido en nosotros. Cuando un equipo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), dirigido por el biólogo sueco Svante Pääbo, ganador del premio Príncipe de Asturias, secuenció el genoma neandertal en 2010, se produjo un hallazgo que cambió nuestra visión de lo que significa ser humano al descubrir que se produjeron encuentros sexuales entre neandertales y humanos. Todos los humanos actuales no nacidos en África tienen entre un 2% y un 4% de genes neandertales.

El cementerio que convirtió a los neandertales en humanos El hallazgo de un nuevo esqueleto en el yacimiento iraquí de Shanidar reafirma la idea que los neandertales enterraban a sus muertos con rituales sofisticados Conéctate Daniel Mediavilla 24 FEB 2020 – 10:11 CET Restos del último neandertal encontrado en la cueva de Shanidar, en Irak. En vídeo, la arqueóloga Emma Pomeroy explica el hallazgo. FOTO: GRAEME BARKER | VÍDEO: REUTERS En el año 2020, 400 siglos después del ocaso neandertal, cuesta imaginar un encuentro con otra especie humana, casi como nosotros, pero no del todo. Hace 100.000 años, en Oriente Medio, las dos especies se cruzaron y tuvieron encuentros sexuales que han quedado grabados en nuestro genoma y en varias cuevas de la Península Ibérica se han encontrado obras de arte de 65.000 años realizadas por neandertales. Ahora, se sabe que compartimos la Tierra con unos seres que también tenían lenguaje y pensamiento simbólico y que sucumbieron poco después de nuestra llegada a la Europa que habitaban. Pero aquella especie extinguida no tuvo siempre el marchamo de humanidad. En la década de 1950, en la Cueva de Shanidar, en el kurdistán iraquí, el arqueólogo estadounidense Ralph Solecki descubrió parte de los esqueletos de diez neandertales de ambos sexos y distintas edades. Algunos tenían restos de polen a su alrededor que Solecki atribuyó a ritos funerarios en los que los allegados del muerto le honraban con flores. Además, entre aquellos esqueletos, se encontró el de un hombre tuerto y manco que sobrevivió durante años con su minusvalía. Los neandertales eran una especie solidaria con sus congéneres. PUBLICIDAD Ads by Teads En el yacimiento iraquí hay restos de flores que los neandertales utilizarían para honrar a sus muertos Aquel descubrimiento y su interpretación humanizó a la especie, pero no todo el mundo estaba convencido. Los restos vegetales podrían haber llegado llevados por animales y las antiguas técnicas de investigación empleada por Solecki no eran tan fiables como las actuales. Solecki quiso volver al yacimiento que le hizo famoso para ampliar sus estudios y confirmar sus hipótesis, pero murió el año pasado con 101 años sin haber logrado su objetivo. En su lugar, el Gobierno Regional del Kurdistán se puso en contacto con Graeme Barker, del Instituto McDonald de Investigación Arqueológica de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), para encargarle la tarea. Un equipo de arqueólogos comenzó las excavaciones en 2014, pero tuvo que parar durante un año cuando el ISIS estuvo a punto de conquistar aquella región iraquí. El objetivo inicial del grupo de Barker era datar con precisión los sedimentos que ya se conocían y determinar con mayor certeza que se trataba de enterramientos que se realizaron de un modo concreto. Sin embargo, se encontraron con una sorpresa. Entre 2018 y 2019 descubrieron un cráneo completo y huesos de la parte superior de un neandertal con la cabeza reposada sobre la mano izquierda. Aquel individuo, que murió hace unos 70.000 años, es un indicio más, según publican ahora Barker y sus colegas en la revista Antiquity, de que los neandertales enterraban a sus muertos a propósito. Según Emma Pomeroy, primera autora del artículo, una roca prominente junto a la cabeza del nuevo cuerpo, bautizado como Shanidar Z, pudo servir como referencia para aquellos grupos humanos, que volvieron una y otra vez a ese lugar para depositar a sus muertos, durante un periodo que pudo abarcar siglos. “El hecho de volver a encontrar otro esqueleto y evidencias de que está depositado intencionalmente reafirma la idea de que los neandertales eran capaces de enterrar. Yo me sitúo entre los que pensaban que sí enterraban, así que este trabajo me refuerza en esa opinión”, señala Carlos Lorenzo, investigador del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social) de Tarragona. Para Lorenzo, la capacidad mental de comprender el significado de la muerte y actuar en consecuencia ya se estaba desarrollando en especies anteriores. “En Atapuerca, en la Sima de los Huesos, se llevó a cabo una acumulación intencional de cadáveres y es un yacimiento de preneandertales, de hace más de 400.000 años”, apunta Lorenzo. Neandertales y sapiens tuvieron hijos en común en Oriente Próximo, no muy lejos del enterramiento de Shanidar 350.000 años después, no resulta extraño pensar en que una especie más sofisticada, que además ya habría entrado en contacto con los humanos modernos, hubiese desarrollado rituales funerarios. Joseba Rios, investigador del CENIEH (Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana) de Burgos, coincide en que los nuevos resultados permiten proponer con solidez que los neandertales realizaban enterramientos, pero matiza que los yacimientos son demasiado escasos para afirmar que existía una cultura funeraria compartida por los neandertales. “Es difícil establecer un patrón porque son pocos casos. Es probable que fuese un comportamiento ocasional, pero no tenemos pruebas para decir que fuese una tradición cultural arraigada ni recurrente”, afirma Rios. No obstante, el investigador recuerda que tampoco se conocen muchos enterramientos de hace 100.000 años donde se pueda estudiar la cultura funeraria de los humanos modernos. En la época en que vivió Shanidar Z, hace 70.000 años, y no muy lejos de aquella región, los encuentros entre las dos únicas especies a las que se conoce producción artística dieron lugar casi con seguridad a un intercambio cultural que sería bidireccional. Rios refiere indicios cerca del Paleolítico Superior, cuando los neandertales comenzaron su decadencia, de una explosión tecnológica y cultural que puede explicarse por una relación más estrecha con la especie inmigrante. Es posible que el grupo humano que pudo ser una de las causas de su extinción les enseñase antes formas más sofisticadas de morirse. Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Descubren una ‘navaja suiza’ en una cueva de Siberia de hace 60.000 años Esa herramienta multifuncional cortaba diversos materiales, procesaba pieles y hasta permitía crear otros utensilios Descubren una ‘navaja suiza’ en una cueva de Siberia de hace 60.000 años Un equipo internacional de científicos que reveló que los neandertales que habitaron en Siberia durante dos periodos —hace unos 120.000 y 60.000 años— y halló un curioso objeto entre los 90.000 artefactos de piedra que encontró en la cueva de Chagýrskaya situada en los montes de Altái (Rusia), recoge The Siberian Times. Ksenia Kólobova, doctora en Historia del Instituto de Arqueología y Etnografía de Novosibirsk, explicó que esos arqueólogos descubrieron una piedra afilada de calcedonia —una variedad del cuarzo— que esos homínidos emplearon hace 60.000 años. Esta especialista detalló que los propietarios de esa herramienta podían cortar carne durante una hora y los científicos demostraron que aún se puede utilizar: hicieron un experimento en el que probaron su funcionamiento hasta que perdía su filo, la afilaban de nuevo y se podía usar de nuevo. “Con esa herramienta multifuncional se podía cortar cualquier cosa, procesar pieles o elaborar otros utensilios”, con lo cual era “una navaja suiza paleolítica”, concluyó esta experta. Similitudes con otras herramientas Asimismo, reveló que las herramientas halladas en Siberia presentan similitudes con las que encontraron en la cueva de Sesselfelsgrotte (Alemania), ubicada a unos 5.000 kilómetros de distancia. Al colocar ambos bifaces “no vemos ninguna diferencia, excepto las materias primas”, ya que las herramientas que encontraron en el actual territorio germano estaban hechas de sílex y las siberianas de calcedonia y jaspe, manifestó Kólobova. Es posible que hace unos 60.000 años el frío y la sequía obligaran a algunas tribus de neandertales europeos a migrar hacia el este para seguir los pasos de las manadas de los animales que cazaban, con lo cual habrían extendido “la tradición de crear sus herramientas tras recorrer varios miles de kilómetros casi sin cambios”, concluyó Ksenia Kólobova.

Herramienta multifuncional 1

Las ‘huellas del diablo’: hallan unas extrañas huellas fosilizadas de neandertales en un volcán italiano Un estudio sugiere que estos homínidos no solo escaparon de la erupción, sino que subieron a propósito hacia el respiradero del volcán Las huellas de homínidos en el volcán Roccamonfina, Italia El volcán Roccamonfina, situado en la región italiana de la Campania, es famoso por el hecho de que la lava congelada en sus laderas ha preservado las huellas de homínidos de hace entre 325.000 y 385.000 años. Estas son las huellas más antiguas conocidas que dejaron nuestros antepasados ​​en el continente europeo. Los lugareños las llamaron “huellas del diablo”, porque, según creen, solo el diablo podía caminar sobre la lava caliente. Los arqueólogos han estado estudiando las laderas del volcán desde 2001. Durante este tiempo, encontraron múltiples huellas, así como algunas herramientas. Pero un estudio reciente, publicado en la revista Journal of Quaternary Science, ha proporcionado nuevos datos sobre la vida de los primeros homínidos en Europa en el Pleistoceno. Los científicos italianos han descubierto nuevas huellas fosilizadas que no se dirigen de arriba a abajo, como todas las registradas anteriormente, sino de abajo hacia arriba. Esto significa que los seres que habitaban la zona no solo escaparon de la erupción, sino que subieron a propósito hacia el respiradero del volcán en actividad. Teniendo en cuenta la edad de las rocas volcánicas en las que fueron encontradas la huellas, los investigadores creen fueron dejadas por los primeros homínidos, probablemente neandertales, conocidos por habitar la península italiana en aquel momento. Estas rocas fueron inicialmente un flujo piroclástico, una mezcla de gases volcánicos calientes, fragmentos de cenizas y lava, formados durante una erupción volcánica. La velocidad de dicho flujo puede alcanzar los 200 metros por segundo, y la temperatura, cientos de grados centígrados. El análisis de las huellas permitió a los expertos concluir que al menos cinco neandertales caminaron en el área de estudio. La naturaleza de las huellas indica que no corrieron, sino que caminaron tranquila y mesuradamente. De esta manera, los homínidos caminaron en esta zona cuando la corriente se había enfriado lo suficiente, incluso antes de que finalmente se endureciera. Todo esto, según el estudio, indica que el volcán activo era un lugar importante para los neandertales que habitaban la región, y que subían al mismo con algún propósito específico. ¡Si te gusta Antrophistoria, no olvides seguirnos en nuestras Redes Sociales! Autoría| Redacción Vía| Journal of Quaternary Science Imagen| Flickr / edmondo gnerre / CC BY 2.0 el febrero 12, 2020 0 comentario

Las huellas de homínidos en el volcán Roccamonfina, Italia

Guisos contra el frío glacial Restos de ollas para cocinar de cazadores siberianos./Y. Oksana Restos de ollas para cocinar de cazadores siberianos. / Y. Oksana Un estudio sugiere que el uso de ollas resistentes al calor permitió sobrevivir a los cazadores siberianos durante la Edad de Hielo I. CORTÉSMadrid Martes, 4 febrero 2020, 01:43 Nunca está de más recordar la importancia de un buen guiso, pero es que hubo un tiempo en el que los caldos, las grasas y las carnes estofadas fueron prácticamente esenciales para el buen progreso de la humanidad. Concretamente, hace entre 16.000 y 12.000 años. Eso es, al menos, lo que sugiere una investigación realizada por la Universidad de York, en Reino Unido, que apunta a que los cazadores siberianos desarrollaron ollas y pucheros tan resistentes al calor que les permitieron cocinar a altas temperaturas. Gracias a estos materiales de nuevo cuño, nuestros predecesores extraían fácilmente alimentos tan nutritivos como la grasa o la médula de la carne, necesarias para superar las temporadas más duras de la Edad de Hielo. Los investigadores se dieron cuenta del papel decisivo de la alimentacion de estos prehistóricos cuando extrajeron y analizaron las grasas y los lípidos que se habían acumulado y conservado en piezas de cerámica antigua, halladas en varios rincones del río Amur, en Rusia, y cuyas dataciones oscilaban entre hace 16.000 y 12.000 años. «Es interesante que la cerámica emerja durante estos períodos tan fríos, y no durante los periodos comparativamente más cálidos, cuando los recursos forestales, como la caza o la madera, estaban al alcance de todos», reflexiona el profesor Oliver Craig, director del Laboratorio BioArch de la Universidad de York, en un comunicado de prensa. Hasta ahora, continúa el artículo publicado por la universidad, era todo «un misterio» la razón por la que este tipo de ollas no se desarrollaron hasta las etapas finales de la última Edad de Hielo, así como los tipos de alimentos que se preparaban en ellas. «Este estudio -explica el profesor- ilustra el potencial emocionante de los nuevos métodos en la ciencia arqueológica: podemos extraer e interpretar los restos de comidas que se cocinaron en ollas hace más de 16.000 años». No es la única sorpresa en torno a esta investigación, que también sugiere que no hubo un único punto de origen para la cerámica más antigua del mundo. En este sentido, los investigadores examinaron además otra cerámica de la cultura Osipovka, encontrada también en el río Amur. El análisis demostró que esta última se había utilizado para cocinar pescado, probablemente salmón migratorio, una fuente de alimentos alternativa para los cazadores locales durante los períodos de mayor fluctuación climática. El mismo grupo de investigadores halló un escenario prácticamente idéntico en las islas vecinas de Japón. Así las cosas, la conclusión es que las ollas de barro más antiguas del mundo se fabricaban de formas muy distintas en diferentes partes del noreste de Asia, lo que indica un proceso de innovación «paralelo», donde grupos separados, que en principio no tenían contacto entre ellos, comenzaron a moverse hacia tipos similares de soluciones tecnológicas en aras de sobrevivir.

CERAMICA PALEOLITICA

PUBLICADO EN LAS PROVINCIAS EL JUEVES DIA 2 DE ENERO Lo que nuestros lectores deben saber sobre los neandertales Los neandertales están de moda, no pasa semana sin que se publique algo sobre ellos, generalmente bueno o simplemente descriptivo, olvidando ya las feroces campañas denigrantes desde el mismo momento de su descubrimiento. Como en el largo proceso evolutivo humano ocupan un lugar importante, porque pueden ayudar a dar respuesta a la pregunta ¿de dónde venimos?, esencial diría yo con los argumentos que expondré, nos permitimos tratar sobre ello. Debido a este fluir constante de noticias sobre los mismos, los que nos dedicamos al estudio e investigación de su cultura, la Musteriense, tenemos la obligación, al menos así lo entiendo, de intentar poner orden en este cúmulo de información porque algunas de ellas no se avienen con lo que la ciencia arqueológica proporciona. Y en este momento queremos dar una advertencia a genetistas, antropólogos, paleontólogos, cladistas y otras especialidades fundamentales para avanzar en su investigación, pero que la entorpecen cuando intentan avanzar solos, olvidándose de que, la primera y última palabra, la deben tener los simples arqueólogos. Pondremos algún ejemplo. En los últimos años se han prodigado los hallazgos de especímenes que van desde los ancestrales Homíninos hasta los recientes Homo Sapiens. Los genetistas especialmente se han lanzado a obtener el ADN mitocondrial a diestro y siniestro, iniciando una especie de baile de los malditos que les permite hacer viajar a sus analizados a miles de quilómetros, a veces en viaje de ida y vuelta, olvidando que, tanto ayer como hoy, no se viaje con una mano delante y otra detrás sino con bagaje propio de la cultura y la tecnología del momento, que no solemos encontrar por sus probables y necesarios lugares de paso los arqueólogos a los que no se nos consulta y que, sin embargo, es básico y sin ello pierden el tiempo. Veamos, pues, lo que, desde la propia experiencia y trabajo podemos aportar sobre los neandertales. Con seguridad lo siguiente. Los neandertales no eran pocos como algunos dicen, tampoco debieron ser muchísimos. Hace más de medio siglo, el Dr. Pericot, excavador de la Cova Negra de Játiva, hizo un cálculo aleatorio apuntando la probable existencia de unos diez mil pobladores en toda la Península Ibérica. Hoy día sabemos que toda la Península estaba poblada y parcelada entre grupos de unos treinta individuos por término medio que explotaban su territorio de subsistencia. El cálculo nos puede conducir a 50.000 por generación de 30 años cada una de ellas, es decir unos 150.000 cada cien años. Más hace 50 años se consideraba que los neandertales iniciaron su andadura por nuestra tierra alrededor del 120.000, lo que se retrasa actualmente al 300.000, por lo tanto han pasado 3.000 generaciones, lo que nos da una cifra de unos 450 millones durante los años asignados. Si continuamos el recuento por toda el área europea neandertal que ocupa todo Europa, buena parte de Rusia y llega hasta la frontera china y a la India, grosso modo, la cifra puede ser escalofriante. Los neandertales no enterraban a los muertos, con seguridad, basta recordar dichas cifras y saber que los restos neandertales son escasísimos, generalmente trozos de cráneo, dentición decidual, y algún otro del esqueleto, generalmente residuos de la alimentación de las hienas en épocas de abandono probablemente estacional-. Los enteros se pueden contar con los dedos de las manos y con indicios de depósito intencional mucho menos. Los neandertales no eran caníbales, si lo hubieran sido la arqueología estaría satisfecha, los restos humanos abundarían en las cavidades junto a los demás desechos de la alimentación y ya hemos visto su escasez. Con cierta seguridad. Los neandertales iniciaron el habla, disponían del cromosoma adecuado, la laringe en disposición correcta y el hueso hioides en su sitio. Aunque ha suscitado controversia y, últimamente, se ha llegado a negar, la datación de ciertas pinturas, de manos las figurativas y otras no tanto junto a los bisontes de Altamira, arroja fechas de época neandertal sin duda. También corroborado por incisiones en Gibraltar en relación con neandertales y pinturas de focas en Nerja con restos de focas consumidos en sedimentos al pie de las pinturas en la célebre cueva de Málaga. Se adornaban personalmente y se expresaban simbólicamente en las paredes de las cavidades que frecuentaban. A demostrar. Los neandertales no se extinguieron, evolucionaron tecnológica, cultural, y antropológicamente. No solo pertenecen a la Familia de los Homininos, sino también al Género Homo y a la Especie Sapiens. El día que acepten esta propuesta de quien la formula desde la propia experiencia verán como quedan resuelto muchos de los problemas que plantea el Out of Africa asumido ciegamente. Insistiremos sobre ello en otra ocasión. JOSE APARICIO PEREZ Director de la Sección de Arqueología y Prehistoria de la Real Academia de Cultura Valenciana

Los últimos supervivientes de la especie humana más longeva Un nuevo análisis de restos de ‘Homo erectus’ encontrados en Indonesia en la década de 1930 sugiere que vivieron en la misma época que los ‘sapiens’ y que pudieron hibridarse con ellos 48 Conéctate Daniel Mediavilla 19 DIC 2019 – 09:26 CET especie humana Uno de los cráneos de ‘Homo erectus’ encontrados en la isla de Java MUSEO DE HISTORIA NATURAL DE LONDRES Después de casi dos millones de años de existencia, los Homo erectus, la que probablemente sea la especie humana más longeva (los Homo sapiens llevamos sobre la Tierra 300.000 años como mucho), estaban pasando dificultades. El último grupo conocido de estos homínidos lo encontró un equipo holandés en los años 30 del siglo XX, en la isla indonesia de Java, cerca de la localidad de Ngandong. En una terraza que se eleva veinte metros sobre el río Solo, W. F. F. Opeernoorth y sus colegas encontraron doce tapas del cráneo y dos tibias de un tipo avanzado de Homo erectus, con una capacidad cerebral mayor que la de otros de sus parientes. Ninguno de ellos tenía la base del cráneo y se especuló con que se hubiese arrancado, en un ancestral caso de canibalismo, para extirpar el cerebro. El misterio no se ha resuelto, pero hoy, al menos, un grupo internacional de científicos publica en la revista Nature un trabajo que encuadra el momento en el que murieron aquellos “últimos erectus”. La dificultad de datación de los fósiles y las deficiencias de las técnicas paleontológicas de hace casi un siglo dejaban espacio a una incertidumbre excesiva sobre la edad de los restos. Los erectus de Ngandong podían haber muerto hace tan poco como 25.000 años y tanto como 600.000. La reconstrucción del yacimiento original y su datación con la última tecnología, liderada por Rusell Ciochon, de la Universidad de Iowa (EE UU) y Kira Westaway, de la Universidad Macquarie en Sidney (Australia), sitúa los últimos días de los humanos del río Solo en un periodo entre hace 117.000 y 108.000 años. En algunos análisis genéticos humanos se ven restos de neandertales, denisovanos y de una especie hasta ahora desconocida Las nuevas fechas confirman que los Homo erectus vivieron durante casi un millón y medio de años en la isla de Java, en una región del planeta que, según apunta José María Bermúdez de Castro, codirector de los yacimientos de Atapuerca, “se convirtió en un laboratorio para la evolución humana”. Las islas de Indonesia, donde también se encuentra Flores, el hogar de esos homínidos bajitos que se compararon con los hobbits, permanecían conectadas al continente cuando bajaba el nivel del mar. Después, cuando subía, aquellos grupos humanos quedaban aislados y tomaban caminos evolutivos propios, incrementando su capacidad craneana, como los humanos de Solo, o disminuyendo su tamaño, como hacen muchos animales cuando viven en islas e hicieron los Homo floresiensis o los Homo luzonensis, otra especie de humanos pequeños que vivieron en la isla de Luzón, en Filipinas. En la época en la que aquellos últimos Homo erectus conocidos vivían en la isla de Java, en la misma región del mundo convivían, probablemente, seis especies humanas distintas. Los erectus eran el “pueblo originario”, indonesios desde hacía millón y medio de años, y junto a ellos se encontraban los que probablemente sean versiones suyas reducidas, luzonensis y floresiensis. En el continente, los neandertales y sus parientes asiáticos cercanos, los denisovanos, tenían hijos entre ellos y también junto a los Homo sapiens, los últimos humanos en llegar y los únicos que sobreviven hoy. Según cuenta Antonio Rosas, director del Grupo de Paleoantropología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, la confirmación de que había Homo erectus en una época tan tardía puede acercarnos aún más a esta especie, no solo como ancestro evolutivo. “La paleogenética nos ha enseñado sobre las hibridaciones entre neandertales y sapiens, entre denisovanos y sapiens o neandertales y denisovanos, pero en esos análisis genéticos, a veces aparece un componente genético de una especie arcaica desconocida, concretamente en análisis de restos encontrados en Papúa Nueva Guinea”, recuerda Rosas. “Estas nuevas dataciones de Homo erectus dan más crédito a la suposición que hacíamos muchos de que esa tendría que ser la especie que aparecía en los análisis”, afirma. En el sudeste asiático, los restos más antiguos de nuestra especie tienen unos 60.000 años, pero los nuevos descubrimientos en los yacimientos de la región no hacen descartable que ya hubiesen llegado cuando aún existían los erectus. En este caso, como en gran número de extinciones de grandes animales y de especies humanas, los sapiens aparecen en las listas de principales sospechosos. Pudieron reproducirse con ellas antes de aniquilarlas. Los humanos modernos se encontraron a unos neandertales debilitados por la uniformidad genética Un estudio publicado en Nature en 2016 señalaba la sugerente coincidencia de que la extinción del hobbit de Flores coincidía con la llegada de nuestra especie a la isla. En el caso de los neandertales, Bermúdez de Castro señala que las últimas teorías plantean que la dureza del último periodo glacial había dejado tocados a aquellos humanos, con los que convivimos hasta hace menos de 40.000 años. “Es posible que los neandertales se autodestruyeran y que los sapiens que salieron de África en aquella época se encontrasen una especie debilitada desde el punto de vista genético. Los análisis paleogenéticos nos dicen que tenían una uniformidad genética que es letal para una especie”, afirma el investigador del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH). En cualquier caso, Bermúdez de Castro considera que “nosotros somos responsables de estar solos ahora mismo en el planeta”. Rosas coincide en que es innegable que después de decenas de miles de años en las que coincidieron sobre el planeta varias especies humanas, hace unos 50.000, los sapiens se quedan solos. “Yo me resisto a esa idea de la evolución lineal en la que pasamos de una especie inferior a otra superior con los Homo sapiens en la cúspide y la pervivencia de los Homo erectus mientras había sapiens sobre la Tierra contradice ese esquema”, apunta el investigador del CSIC. “Sin embargo —concluye Rosas—, el hecho es que algo sucede, porque ahora solo estamos nosotros, y es algo que yo atribuyo a nuestra capacidad para sobrevivir y, sobre todo, para dejar más descendientes, y es una capacidad que atribuyo en última instancia a unas relaciones sociales que se establecen a partir de capacidades cognitivas nuevas”. El tiempo en que seis especies humanas compartieron la Tierra ‘Homo erectus’ Los descubrió en la isla de Java Eugène Dubois en 1891. Aunque también se han encontrado fósiles similares en África, es una especie principalmente asiática. Sobrevivieron durante casi dos millones de años, manejaban herramientas de piedra y, probablemente, dominaron el fuego. Podían alcanzar una estatura de 1,80 metros. ‘Homo neanderthalensis’ Eran los habitantes de Europa antes de que llegasen desde África los humanos modernos. Eran una especie de gran inteligencia, a la que se atribuyen expresiones artísticas y una sofisticada capacidad simbólica. Los análisis genéticos han demostrado que copularon y tuvieron descendencia con los Homo sapiens. Denisovano Es una especie que se conoce principalmente por los análisis genéticos de sus restos, encontrados en 2010 en la cueva siberiana de Denisova. No hay cráneos que permitan intuir su aspecto, pero su genoma indica que eran próximos a los neandertales, con los que hibridaron. ‘Homo floresiensis’ Se encontraron en la isla indonesia de Flores en 2004. Entonces, se inició un debate sobre si se trataba de una especie humana enana, pero normal, o un especimen enfermo. La primera es ahora la hipótesis más aceptada y se especula con que sea un Homo erectus reducido. ‘Homo luzonensis’ Presentada en abril de este año, es la última especie humana descubierta. Aunque la evidencia fósil aún es limitada, se estima que aquellos individuos eran, como Homo floresiensis, humanos bajitos, una característica física fruto de su evolución dentro de una isla. ‘Homo sapiens’ Algunas clasificaciones sitúan la aparición de la especie 300.000 años atrás, pero la gran revolución de estos homínidos se produjo hace unos 50.000 años. Entonces conquistaron el mundo y en poco tiempo se convirtieron en la única especie humana superviviente. 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HOMO ERECTUS-3

Los últimos Homo erectus fueron contemporáneos de los Homo sapiens y vivieron al menos hasta hace 117.000 años La población javanesa de esa especie de homínidos podría haberse extinguido por el cambio climático y la propagación de la selva tropical, un entorno al que no pudieron adaptarse Reconstrucción artística de un Homo erectus. John Gurche Un equipo de antropólogos ha logrado datar los restos fósiles de un grupo de Homo erectus procedente de la isla indonesia de Java y determinar de esta manera que la especie se extinguió mucho después de lo que se pensaba. Se trata de una docena de cráneos y dos tibias encontrados en los años 1930 en el sitio arquelógico de Ngandong, cerca de las orillas fangosas del río Solo. Su antigüedad era desconocida hasta ahora ya que no podía ser evaluada a través de los fósiles mismos, por lo que los investigadores tuvieron que hacer un exhaustivo estudio del entorno que rodea el lugar del hallazgo. “Los fósiles son productos de procesos complejos del paisaje”, indicó la geógrafa Kira Westaway en un comunicado de la Universidad de Iowa (EE.UU). “Pudimos determinar la antigüedad del sitio porque enmarcamos los fósiles dentro del depósito del río, la terraza del río, la secuencia de terrazas y el paisaje volcánicamente activo”, explicó. Cráneos hallados en Ngandong, Java, Indonesia. uiowa.edu Tras comparar las 52 dataciones obtenidas, los investigadores concluyeron que los restos tienen entre 108.000 y 117.000 años, cuando África ya está habitada por los Homo sapiens, lo que significaría que esa especie de homínidos vivió en la isla unos 300.000 años después de su extinción en el resto del mundo. “Hay una increíble variedad de dataciones consistentes. Debe de ser el rango [temporal] correcto. (…) La fecha es muy consistente”, aseveró otro integrante del equipo, el paleoantropólogo Russel Ciochon. “No podemos decir que fechamos la extinción, pero datamos la última aparición de [la especie]. No tenemos evidencia de que el Homo erectus haya vivido más tarde en ningún otro lugar”, señaló el experto. “No pudo adaptarse” Al mismo tiempo, el estudio del paisaje ayudó a reconstruir las probables causas del final de la población javanesa de homínidos, que, según los investigadores, se habrían extinguido a causa de un cambio climático. “Ngandong era un hábitat abierto, con un pequeño bosque, algo parecido a las sabanas de África Oriental”, la cuna de la especie, dijo Ciochon a la revista del Instituto Smitsoniano. “Luego, hace unos 120.000 o 130.000 años, sabemos que hubo un cambio en el clima, y la flora de la selva tropical se extendió por Java. El Homo erectus no pudo adaptarse”, explicó. “Aparte del Homo sapiens, ningún otro humano primitivo se ha adaptado para vivir en la selva tropical”, agregó. El Homo erectus es una especie aparecida hace cerca de 2 millones de años. Fueron los primeros homínidos en salir de África y poblar varias regiones de Eurasia. Están considerados como ancestros directos tanto de los humanos modernos como de los neandertales. Autoría| Redacción Vía| Universidad de Iowa (EEUU) Imagen| John Gurche, uiowa.edu el diciembre 20, 2019 0 comentarios Etiquetas: Antropología, Homo erectus, Homo sapiens, Paleoantropología

Homo erectus

Fósiles de 10 millones de años promueven una nueva visión de la evolución humana Restos de la pelvis de un mono, hallados en Hungría, han revelado nuevos detalles sobre la movilidad bípeda de los ancestros del hombre Imagen ilustrativa Científicos de la Universidad de Missouri (EE.UU.) descubrieron que la locomoción de los simios sobre dos piernas podría tener orígenes ancestrales mucho más profundos de lo que se pensaba anteriormente. Los especialistas llegaron a esa conclusión tras analizar los huesos de la pelvis de un mono de hace 10 millones de años. Se trata de una especie conocida como Rudapithecus, hallada en Hungría, que “era bastante parecida a un simio y probablemente se movía entre las ramas como lo hacen los simios ahora, sosteniendo su cuerpo en posición vertical y trepando con sus brazos”, explicó Carol Ward, autora principal del reciente estudio. La investigación sugiere una nueva visión de la evolución del hombre, al considerar que sus ancestros pudieron no seguir la línea de los simios africanos modernos, como se pensaba hasta el momento. Al parecer, la recién descubierta especie tenía una espalda baja más flexible, que le podría haber permitido caer de pie, como los humanos. En el centro, un hueso fósil de la pelvis de un Rudapithecus, sobre el esqueleto de un siamang. La imagen permite compararlo con un macaco, a la izquierda, y con un orangután, a la derecha “Esta evidencia respalda la idea de que, en lugar de cuestionar por qué los antepasados humanos se levantaban en cuatro patas, tal vez en primer lugar deberíamos preguntarnos por qué nuestros ancestros nunca se dejaron caer en cuatro patas”, agregó la investigadora. La pelvis del Rudapithecus fue descubierta anteriormente por David Begun, profesor de antropología de la Universidad de Toronto (Canadá), quien invitó a Ward a colaborar con él para estudiar el fósil. El trabajo de Begun sobre huesos de extremidades, mandíbulas y dientes ha demostrado que esta especie era pariente de los simios y humanos africanos modernos, lo que sorprendió a los científicos debido a su aparición en Europa. El equipo utilizó novedosas técnicas de modelado en 3D para completar digitalmente la forma del fósil, pues no estaba 100% completo, y luego comparó sus modelos con animales modernos. Más adelante, se llevará a cabo un análisis 3D de otras partes fosilizadas del cuerpo del ejemplar, para obtener una imagen más clara de sus movimientos. Autoría| Redacción Vía| Universidad de Missouri Imágenes| unsplash.com, Universidad de Missouri

Conoce a Chewie, el mayor austrolopithecus descubierto Conoce a Chewie, el mayor austrolopithecus descubierto Actualizado 14/12/2016 14:59:13 CET Huellas del austrolopithecus Chewie RAFFAELLO PELLIZZON/UNIVERSIDAD DE PERUGGIA MADRID, 14 Dic. (EUROPA PRESS) – Huellas de 3,7 millones de años de antigüedad encontradas en Tanzania han revelado el austrolopithecus de mayor estatura conocido, con 1,65 metros y un peso de 48 kilos. Los descubridores, dirigidos por Marco Cherin, palentólogo en la Universidad de Perugia (Italia … Leer más: https://www.europapress.es/ciencia/ruinas-y-fosiles/noticia-conoce-chewie-mayor-austrolophitecus-conocido-20161214145652.html?fbclid=IwAR16UPXpI7cXNaIiXsGMZFmYRHHTjRpezIPjl1fTfxDj_Lt0_HtugISCF_g (c) 2019 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.

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